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Luce Redondo de Haro

Luce Redondo de Haro

Centro Kumon Valencia - Jacinto Benavente

«Cuando yo tenía 7 años, mi madre apuntó a ml hermano Mario al programa de Matemáticas de Kumon. Por entonces, los lunes y los miércoles por la tarde yo iba a una academia de música a aprender a tocar la guitarra. Después de estar varios meses viendo cómo mi hermano progresaba en Kumon, le pregunté a mi madre si yo me podía apuntar también. Y así lo hizo: un día me llevo al centro Kumon de la calle Jacinto Benavente y allí me hicieron un test para ver en qué nivel debía empezar.

»A partir de ese día, empecé a ir al centro Kumon todas las semanas. Enseguida me adapté a la manera en la que querían que los niños trabajáramos. Teníamos que ser capaces de hacer un cuadernillo de 10 hojas en el menor tiempo posible y con el menor número de fallos. Empecé en el nivel 2A. Este se encontraba muy por debajo del nivel en el cual yo trabajaba en el colegio, así que los primeros niveles fueron fáciles. Avanzaba rápido y no tenía la necesidad de estar mucho tiempo al día, ya que los cuadernillos no tenían ningún tipo de dificultad. Sumar, restar, multiplicar y dividir… No lo veía nada complicado, y empecé a pensar que el programa no iba a ser tan difícil como yo me había imaginado.

»Pero me equivocaba: empecé a trabajar con fracciones y al principio no me costó mucho, pero luego tuve que empezar a manipularlas, sumar y restar, multiplicar y dividir. Ahí fue cuando empezó a ser un verdadero desafío por el cual tenía que trabajar todos los días para superarme y avanzar. Había veces en las cuales quería rendirme, abandonar, dejarlo todo y así no tener que complicarme más, pero entonces llegaban las palabras de ánimo de mi madre y de mis profesores, me alentaban a seguir, a no tirar la toalla, y entonces yo, cargada otra vez de energía, volvía con más fuerza y me esforzaba más.

»Los niveles fueron pasando, y la dificultad que iba encontrando en ellos cada vez era más grande. Mis profesores cada vez me explicaban menos, y era yo la que tenía que resolver mis propias dudas. De esa manera empecé a ser muchísimo más autodidacta que antes.

»Llegué al nivel J y entonces vi cómo todos esos años de trabajo y esfuerzo no habían sido una tontería. Estaba muy orgullosa de mí misma, había alcanzado y superado los niveles de todos mis profesores, con lo cual quedábamos los ejemplos y yo para resolver mis dudas. A partir del J, cada vez que pasaba de nivel era una fiesta. Eran niveles muy costosos, que además se juntaban con todo mi trabajo escolar. Poco a poco fui avanzando. El K y el L me costaron menos, pero cuando llegué al M me veía incapaz de seguir. Estaba agotada y no me veía con las fuerzas necesarias para enfrentarme a los siguientes niveles, y entonces mi madre y sus palabras de ánimo volvieron, mis profesores me hicieron ver que, si lo dejaba entonces, me arrepentiría el resto de mi vida. Estaba a un paso de ser concluyente, es más, Santi (mi profesor) y yo habíamos calculado que me quedaban unos 8 meses más o menos para acabar todos niveles del programa.

»Así que, sacando fuerzas de donde no las había, me enfrenté a los últimos niveles. Avanzaba despacio, había semanas en las que no avanzaba; me costaba mucho seguir el nivel que me exigía el programa. Pero al fin llegó el día en que hice el test del O. Fue un test complicado y estaba asustada; no me veía capaz de superarlo, pero lo intenté.

»Recuerdo que, después de terminarlo, mientras Santi lo corregía, yo no podía para de moverme, estaba nerviosa, no sabía qué tal me habría salido. Y al final, después de 7 años de duro trabajo, llegó el día en que mi foto estaba en el nivel O. Llegó ese día que tanto había soñado. Era alumna concluyente. Había acabado todos los niveles del programa de Matemáticas de Kumon.

»Es imposible decir que Kumon es fácil. Lo que sí que se puede decir es que con fuerza de voluntad y constancia, se puede superar.»